Milagroso es el extraño mundo en que nos ha tocado vivir.
Extraños son los milagrosos vericuetos de las relaciones humanas.


Altísimo el cielo lejano y sin embargo es el mismo para todos aquellos
que encuentren la gracia sencilla de levantar la cabeza hacia él.


Y de bajarla si es necesario para no ofender con nuestros osados ojos humanos.


Recuerdo mi infancia entrerriana bañada de río de sol de juegos inquietos y alegres
siestas escapándonos sin permiso por los techos calientes de zinc brillante y cegador.


Amigos que siempre resultan el último rincón de intimidad y confianza.


Gracias a todos.